Huella de Carbono: cómo RTC construye finanzas responsables con impacto positivo en el Perú

En RTC creemos que las finanzas pueden cambiar vidas. Esa convicción no nació de una campaña, ni de una tendencia, ni de una obligación regulatoria. Nació de mirar de cerca una realidad peruana: miles de personas, familias, emprendedores y empresas tienen activos, proyectos, capacidad de pago y voluntad de salir adelante, pero muchas veces no encuentran una solución adecuada dentro del sistema financiero tradicional.
Por eso existimos. Para abrir una puerta donde antes había una barrera. Para convertir el crédito en una herramienta de alivio, crecimiento y estabilidad. Para demostrar que una empresa financiera peruana puede crecer con solidez, con responsabilidad y con una mirada de largo plazo.
Hoy, ese compromiso suma un nuevo hito: RTC alcanzó la primera estrella del programa Huella de Carbono Perú del Ministerio del Ambiente, tras medir por primera vez su huella de carbono corporativa bajo estándares internacionales como el GHG Protocol Corporate Standard y la metodología PCAF para emisiones financiadas.
Este reconocimiento no es un punto de llegada. Es un punto de partida. Porque para nosotros medir no es cumplir con un requisito: es asumir responsabilidad sobre el impacto que generamos, entender dónde podemos mejorar y tomar mejores decisiones hacia el futuro.
La sostenibilidad no es un área: es una forma de hacer empresa
En RTC entendemos la sostenibilidad como una manera de operar todos los días. No como un programa paralelo, sino como parte del modelo de negocio. Nuestro impacto social no está separado de lo que hacemos: ocurre cada vez que un cliente logra ordenar sus deudas, un emprendedor accede a capital para seguir creciendo o una familia mejora su vivienda después de años de postergación.
Nuestro modelo se basa en créditos con garantía inmobiliaria dirigidos a personas, empresas e inmobiliarias que cuentan con activos y capacidad de pago, pero que no siempre son atendidas por la banca tradicional. Operamos de manera 100% remota y digital, lo que nos permite atender a clientes en todo el país con procesos ágiles y eficientes.
Esa forma de operar refleja una filosofía clara: crecer, sí; pero crecer bien. Con disciplina financiera, con gestión de riesgos, con transparencia y con un propósito que trasciende la rentabilidad.

Un reconocimiento ambiental que confirma una decisión de fondo
Medir la huella de carbono fue un paso natural en nuestra evolución como empresa responsable. En 2025, RTC midió por primera vez su huella corporativa y alcanzó la primera estrella del programa Huella de Carbono Perú del MINAM. El resultado mostró una realidad importante para una empresa financiera digital: nuestras emisiones operativas son muy bajas, mientras que la mayor parte del impacto climático está asociada a las actividades que financiamos.
La operación remota de RTC genera una ventaja ambiental concreta. Al operar en modalidad digital, no registramos emisiones de Alcance 2 bajo el enfoque de control operacional del GHG Protocol. Además, las emisiones directas de Alcance 1 representan solo una fracción mínima de la huella total.
Pero el dato más importante está en otro lugar: las emisiones financiadas representan la mayor oportunidad de acción. Según el reporte, las emisiones asociadas a capital en empresas privadas y préstamos corporativos concentran el 93.3% de la huella total, equivalente a 339 tCO₂e. Esto nos recuerda que, en el sector financiero, el impacto más relevante no está solamente en cómo usamos la energía, sino en cómo orientamos el financiamiento.

Esa es una reflexión poderosa. Como empresa financiera, RTC no solo puede reducir su propia operación. También puede influir positivamente en la conversación con sus clientes, promoviendo mejores prácticas, incentivando proyectos con impacto ambiental positivo y fortaleciendo la calidad de la información climática disponible.
Medir hoy para reducir mañana
La medición de la huella de carbono nos entrega una línea base. Y una línea base es mucho más que un número: es una herramienta de gestión. Nos permite saber dónde estamos, dónde se concentra nuestro impacto y qué decisiones podemos tomar para avanzar.
En el análisis realizado con Blue Dot se identificó una oportunidad estratégica: solicitar progresivamente información de huella de carbono a las empresas financiadas para contar con datos primarios más precisos y mejorar la calidad del reporte de emisiones. También se planteó desarrollar una estrategia que incentive proyectos medioambientales y mejores prácticas climáticas en el sector de inversiones.
Esto abre un camino especialmente relevante para RTC. No se trata de dejar de financiar crecimiento. Se trata de financiar mejor. De acompañar a clientes y empresas para que incorporen criterios ambientales. De evaluar oportunidades como proyectos con certificaciones verdes, viviendas más resilientes al clima, construcciones anti-huaycos, sistemas de agua eficientes o inmuebles preparados para enfrentar mejor los riesgos climáticos.
En otras palabras, queremos que la sostenibilidad sea parte de la conversación financiera. Que el impacto ambiental deje de ser un tema lejano y se convierta en un criterio concreto para tomar mejores decisiones.
Finanzas responsables también significan inclusión
El reconocimiento ambiental se suma a una historia más amplia de impacto. En 2025, RTC emitió su primer Bono Social, un hito que permitió formalizar ante el mercado de capitales algo que siempre estuvo en el ADN de la empresa: el compromiso con el impacto social. Este bono fue validado mediante una Segunda Opinión Independiente y alineado a los Principios de Bonos Sociales del ICMA.
Los fondos del Bono Social se destinan a tres grandes categorías: vivienda asequible, alivio por crisis económica y avance, empoderamiento y emprendimiento. En la práctica, esto significa apoyar a familias que buscan mejorar su vivienda, personas sobreendeudadas que necesitan recuperar estabilidad financiera, microempresarios, MYPE, mujeres jefas de hogar y adultos mayores con exclusión financiera.
Este impacto se conecta con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible: fin de la pobreza, igualdad de género, trabajo decente, reducción de desigualdades, ciudades sostenibles, acción por el clima e instituciones sólidas.
Para RTC, inclusión financiera no es solo colocar créditos. Es hacerlo con responsabilidad. Es evaluar la capacidad real de pago de cada cliente. Es evitar el sobreendeudamiento. Es diseñar soluciones que permitan a las personas recuperar tranquilidad, crecer o mejorar su calidad de vida.
Una empresa peruana que quiere dejar un legado optimista
Ser reconocidos como Empresa B en 2025, con un puntaje de 84.3, fue otra validación del camino que venimos construyendo. Para RTC, este reconocimiento confirma que el compromiso con el impacto positivo no es declarativo, sino verificable.
Pero más allá de los sellos, certificaciones o metodologías, hay una idea que nos guía: queremos dejar un legado optimista.
Un legado donde las finanzas no sean vistas solo como números, tasas o garantías, sino como una herramienta para abrir oportunidades. Un legado donde una empresa peruana pueda demostrar que es posible operar con eficiencia, crecer con solidez y, al mismo tiempo, asumir su responsabilidad social y ambiental. Un legado donde el acceso al crédito permita aliviar crisis, impulsar emprendimientos, mejorar viviendas y construir resiliencia frente al cambio climático.
Sabemos que este camino recién empieza. La primera medición de huella de carbono nos da una base. El reconocimiento del MINAM nos impulsa a seguir avanzando. El Bono Social nos permite canalizar recursos hacia poblaciones que necesitan acceso responsable al financiamiento. La certificación como Empresa B nos recuerda que el impacto debe gestionarse, medirse y mejorar continuamente.
En RTC no creemos que la sostenibilidad sea un destino final. Creemos que es la forma correcta de hacer las cosas, todos los días. Y creemos, sobre todo, que el mayor impacto aún está por venir.







